Renuncié sin Plan A. Sin Plan B. Pero con un número. Antes de saltar, hice algo que nadie me enseñó en ningún trabajo: desnudé mis finanzas hasta lo más básico.
Alimentación. Salud. Vivienda. Transporte. Y un colchón. Ese número × 12 meses fue el permiso emocional que me di para crear, equivocarme y respirar sin que la ansiedad económica tocara mi puerta.
Leo personalmente todos los mensajes.